¿Quien de nosotros, en sus días de ambición , no hubo soñado el milagro de la prosa poética, musical, sin ritmo y sin rima, flexible y sacudida lo bastante para ceñirse a los movimientos líricos del alma, a las ondulaciones del ensueño, a los sobresaltos de la conciencia? En la Frecuentación de las ciudades enormes, en el cruce de las relaciones innumerables, nace, sobre todo, este ideal obsesionador.
Charles Baudelaire
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