29 mar 2011

Canto IX, 4-15

Todo este mundo viviente está sobreentendido por mi
en mi estado no manifestado o revelado.

Al final de un eón,
todos los seres van hacia mi naturaleza,
luego, al principio de un eón,
los emito de nuevo.

Dominando mi propia naturaleza cósmica,
yo emito una y otra vez todo este conjunto de seres, pese a ellos y por el poder de mi naturaleza.

Es para mí, su vigilante,
solo la naturaleza infante del universo.
He aquí la razón por la cual el universo existe.

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